Charla breve sobre el hedonismo

La belleza me desespera. Ya no me importa por qué, sólo quiero escaparme. Cuando miro París, me vienen ganas de agarrar la ciudad entre las piernas. Cuando te veo bailar, hay una inmensidad despiadada, igual que un marinero en medio de una mar totalmente serena. Toda la noche brotan en mí deseos redondos como duraznos. Ya no recojo lo que cae.

Fragmento por Denise León:

No es fácil olvidar los versos de Anne Carson. Son numerosas las señales que así lo anuncian. No me refiero aquí al reconocimiento internacional que tiene su poesía, que abarca distintos países y un renovado interés también en Argentina. Me refiero a la intensidad de su trabajo y al modo en que sus libros se contaminan entre ellos y vuelven a disponer itinerarios comenzados en otros lugares pero que en cada nuevo registro se estrellan de una manera diferente. La suya es la originalidad de una voz poética que crea su propia pertenencia.

En las versiones de las Short Talks Charlas breves— que nos entrega Ezequiel Zaidenwerg, Carson juega con un género académico que conoce bien: el de la conferencia o la disertación sobre un tema específico. Lo pequeño o lo breve funciona como un ojo o una clave. En un universo concentrado donde una voluntaria economía verbal impide desarrollar un conflicto o extenderse en la descripción de situaciones y personajes, los restos de la tradición literaria y filosófica canónicas son el banquete. Carson toma de la cantera universal los materiales que necesita y los sumerge en su dicción particular, en su propia experiencia del universo. Estos textos tensos, como el equipaje preparado antes de una partida súbita, recogen objetos extraños que sólo tienen sentido para quien viaja. Las piezas se reflejan unas a otras hasta adquirir proporciones o siluetas mágicas e irreales como las del espejo de Alicia.

 

Charlas breves (ed. bilingüe) - Anne Carson

$790
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Charla breve sobre el hedonismo

La belleza me desespera. Ya no me importa por qué, sólo quiero escaparme. Cuando miro París, me vienen ganas de agarrar la ciudad entre las piernas. Cuando te veo bailar, hay una inmensidad despiadada, igual que un marinero en medio de una mar totalmente serena. Toda la noche brotan en mí deseos redondos como duraznos. Ya no recojo lo que cae.

Fragmento por Denise León:

No es fácil olvidar los versos de Anne Carson. Son numerosas las señales que así lo anuncian. No me refiero aquí al reconocimiento internacional que tiene su poesía, que abarca distintos países y un renovado interés también en Argentina. Me refiero a la intensidad de su trabajo y al modo en que sus libros se contaminan entre ellos y vuelven a disponer itinerarios comenzados en otros lugares pero que en cada nuevo registro se estrellan de una manera diferente. La suya es la originalidad de una voz poética que crea su propia pertenencia.

En las versiones de las Short Talks Charlas breves— que nos entrega Ezequiel Zaidenwerg, Carson juega con un género académico que conoce bien: el de la conferencia o la disertación sobre un tema específico. Lo pequeño o lo breve funciona como un ojo o una clave. En un universo concentrado donde una voluntaria economía verbal impide desarrollar un conflicto o extenderse en la descripción de situaciones y personajes, los restos de la tradición literaria y filosófica canónicas son el banquete. Carson toma de la cantera universal los materiales que necesita y los sumerge en su dicción particular, en su propia experiencia del universo. Estos textos tensos, como el equipaje preparado antes de una partida súbita, recogen objetos extraños que sólo tienen sentido para quien viaja. Las piezas se reflejan unas a otras hasta adquirir proporciones o siluetas mágicas e irreales como las del espejo de Alicia.