Los doce capítulos que componen esta novela corresponden, cada uno, a un año: el primero a 1971, el último a 1982. Es decir que en el comienzo están Perón, la inminencia de su retorno, el fervor revolucionario, las perspectivas de un futuro transformado; y en el final, en el año de Malvinas, la conclusión oprobiosa de una dictadura no menos oprobiosa (...)

La narrativa argentina ya ensayó, con fortuna dispar desde el punto de vista literario, una mirada descreída hacia el fervor militante de los años setenta: Flores robadas en los jardines de Quilmes de Jorge Asís –publicada en 1980, es decir, cuando ciertos actos represivos estaban ocurriendo todavía–, o El terrorista de Daniel Guebel –escrita desde la distancia que imponen los años noventa– son dos ejemplos de esta disposición. No sorprende que un escritor como Fogwill, que ha sabido hacer del cinismo o del descreimiento una premisa más que fecunda para la buena literatura, y que aplicó esta actitud a la guerra de Malvinas (en Los pichiciegos), al consumismo de clase media en los tiempos de la plata dulce (en La experiencia sensible) o a la subcultura neoliberal del menemismo (en Vivir afuera), pueda encarar ahora esta aproximación a lo que pasó, pudo pasar o dejó de pasar en esos años de entusiasmo en los que muchos creyeron que la realidad argentina iba a cambiar para siempre.

La política ingresa en las ficciones de Fogwill de una manera completamente original. Se la percibe no tanto en las figuras o en los acontecimientos que puedan mencionarse, como en la medianía cotidiana de la historia que se cuenta: allí se integra, y allí transcurre, como clima, como motivo o como tema de conversación (...)".

Martín Kohan, Inrockuptibles

“Esta ambiciosa crónica de un proceso de degeneración a la vez individual e histórico lleva a sus últimas consecuencias el arriesgado recurso fogwilliano de la perplejidad”.

Generalitat Valenciana, La Razón 

“Toda obra rigurosa es un elogio de la lentitud, una consigna contra el vértigo. Y esta novela morosa, voluntariamente dispersa y, sin embargo, precisa como un mecanismo de relojería suizo, lo es por partida doble”.

Pedro B. Rey, La Nación

En otro orden de las cosas - Fogwill

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Los doce capítulos que componen esta novela corresponden, cada uno, a un año: el primero a 1971, el último a 1982. Es decir que en el comienzo están Perón, la inminencia de su retorno, el fervor revolucionario, las perspectivas de un futuro transformado; y en el final, en el año de Malvinas, la conclusión oprobiosa de una dictadura no menos oprobiosa (...)

La narrativa argentina ya ensayó, con fortuna dispar desde el punto de vista literario, una mirada descreída hacia el fervor militante de los años setenta: Flores robadas en los jardines de Quilmes de Jorge Asís –publicada en 1980, es decir, cuando ciertos actos represivos estaban ocurriendo todavía–, o El terrorista de Daniel Guebel –escrita desde la distancia que imponen los años noventa– son dos ejemplos de esta disposición. No sorprende que un escritor como Fogwill, que ha sabido hacer del cinismo o del descreimiento una premisa más que fecunda para la buena literatura, y que aplicó esta actitud a la guerra de Malvinas (en Los pichiciegos), al consumismo de clase media en los tiempos de la plata dulce (en La experiencia sensible) o a la subcultura neoliberal del menemismo (en Vivir afuera), pueda encarar ahora esta aproximación a lo que pasó, pudo pasar o dejó de pasar en esos años de entusiasmo en los que muchos creyeron que la realidad argentina iba a cambiar para siempre.

La política ingresa en las ficciones de Fogwill de una manera completamente original. Se la percibe no tanto en las figuras o en los acontecimientos que puedan mencionarse, como en la medianía cotidiana de la historia que se cuenta: allí se integra, y allí transcurre, como clima, como motivo o como tema de conversación (...)".

Martín Kohan, Inrockuptibles

“Esta ambiciosa crónica de un proceso de degeneración a la vez individual e histórico lleva a sus últimas consecuencias el arriesgado recurso fogwilliano de la perplejidad”.

Generalitat Valenciana, La Razón 

“Toda obra rigurosa es un elogio de la lentitud, una consigna contra el vértigo. Y esta novela morosa, voluntariamente dispersa y, sin embargo, precisa como un mecanismo de relojería suizo, lo es por partida doble”.

Pedro B. Rey, La Nación